El rechazo a la excentricidad

Recuerdo la primera vez que escuché en mi madurez la palabra excéntrico de boca de un inglés. Y recuerdo la efusividad que había en su expresión, lo cual, viniendo de un inglés es algo a tener en cuenta. Fué entonces cuando decidí documentarme y buscar el significado y origen que algo que me sonaba interesante.
Mi queridísima RAE, describe el término de forma en la que su interpretación podría generarme alguna discrepancia, lo cual no es nuevo.

excéntrico, ca. (De ex- y céntrico).

1. adj. De carácter raro, extravagante. U. t. c. s.
2. adj. Geom. Que está fuera del centro, o que tiene un centro diferente.
3. m. Artista de circo que busca efectos cómicos por medio de ejercicios extraños y que, generalmente, toca varios instrumentos musicales.

Al leer las definiciones, me invadió una sensación automática de rechazo que no se si tenía origen en mis prejuicios o en mi educación. Lo de extravagante podía pasar, pero lo del artista de circo, me hizo levantar la ceja pensando de donde podría haber salido ese curioso personaje.

El caso es que tengo la certera sensación de que los españoles gozamos de una gran cultura gastronómica, una amplia calidad de vida y una negatividad que nos pisa los talones a la hora de tolerar algo que “sale de lo normal”. Desde mi punto de vista somos una sociedad que no es consciente a nivel práctico de las características que poseemos y de nuestros puntos fuertes, abandonando el verdadero aprendizaje de resilencia, lo cual a veces me sorprende.

Lo que viví desde pequeña era que el que vestía diferente era raro, pero raro en sentido negativo. El que vestía, hablaba, o se comportaba de forma diferente. Raro porque no seguía las reglas establecidas y raro porque en cierto modo, podía parecer incomprensible. Entonces, ¿apoyábamos entonces una sociedad en la que todos fuéramos iguales a nivel personal? e, ¿iguales para qué? ¿para qué queríamos ser iguales?.
La actualidad parece no ser distinta.

Lo mas gracioso es que luego nos quejamos del “bullying” que le hacen a nuestros hijos, pero no les dejamos que crezcan como naturalmente vinieron al mundo, con sus características y personalidades.
Reconozco que siempre me sentí un tanto distinta. Siempre me aburría en clase porque sentía que el profesor no me motivaba o que realmente no tenia nada que enseñarme, posiblemente porque no había preparado la clase antes de entrar en ella y las carencias a nivel de recursos y contenido no las suple la lectura literal de un libro. Entonces empecé a suspender e incluso repetí dos cursos por mi “comportamiento impertinente”. Y reconozco que lo fuí, pero también reconozco que un buen profesor sabe motivar y ayudar al alumno a desarrollar sus habilidades en la medida de lo posible, cosa que nunca llegué a vivir (exceptuando a mis profesores/as de Lengua, que siempre me daban frases y más frases para analizar sintácticamente. Gracias).

Ser excéntrico es ser raro, y ser raro “no mola” . Aunque seas el más original del instituto vistiendo y a final de curso la gente te copie, ser distinto no mola.
Aunque todo el mundo quiera ser tu amigo porque saben que estás mas seguro de ti mismo que los demás, ser raro no mola. Y aunque tengas temas de conversación que salen de lo que echan en la tele o de la moda de la temporada que viene, ser raro… no mola.
Pero de repente sales de la burbuja y descubres “el verdadero mundo”, donde la excentricidad forma parte de la cultura y donde el que no lo es, es el raro. Y entonces tu profesor empieza a pedirte razonamientos a las suposiciones que tienes en tu mente, la camarera del Pub al que sueles ir te dice que le encanta la falda que llevas (que compraste en una tienda de segunda mano en Suecia y está fabricada por una modista en Francia), y decides escribir un artículo científico sobre una propuesta para salir de la crisis que publica una Universidad y la expones en un Congreso Internacional. Ser raro, ¿no mola?. La excentricidad podría ser una de nuestras características a potenciar. Podríamos aceptar las rarezas de cada uno de nosotros e intentar razonarlas, darles un sentido, investigar sobre ellas.

Nuestra excentricidad es parte de quienes somos de forma biológica y cultural.
Desde ahora, no me asustaré al ver el caos de algunas casas o la cantidad de objetos que puede acumular una persona y la ausencia de limpieza de algunas otras. La vida está llena de personas distintas y cada una de ellas, en su mundo interno tiene un por qué a su conducta. Un por qué consciente o inconsciente, pero ¿Quiénes somos nosotros para juzgarlo?

Si me dieran a elegir, a nivel personal elegiría una sociedad que me aceptara tal y como soy (ya bastante me cuesta a mi aceptarme para que me lo pongan más difícil de puerta a fuera) donde poder ser yo desde que me levanto hasta que me acuesto y donde poder desarrollar lo que la humanidad y la naturaleza ha puesto sobre mis hombros.

Reconozco que me siento atraída por la excentricidad, y considero a la gente rara, gente interesante de la que puedo aprender, como mínimo a tener otro punto de vista. Aprender de los demás forma gran parte de la evolución del ser humano y de la mejora y perfeccionamiento de éste. Como diría Darwin “No sobrevive el más fuerte, sino el que mejor se adapta”, y el ser uno más no garantiza tu adaptación, de eso estoy segura.

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